El sexto corte seguido fallado lastra a un jugador que lleva 20 años consecutivos jugando todos los ‘majors’.

Había disfrutado de las historias en la cena de los campeones, sentado entre Chema Olazabal y Ángel Cabrera, ya sin la presión de ser el campeón vigente y el responsable del menú; se lo pasó bien en familia en los pares tres del miércoles, con su mujer, Angela, de caddie, y su hija, Azalea, en el centro de las miradas; e incluso había borrado de su memoria esos 13 golpes en el 15 del año pasado, el peor hoyo en la historia de Augusta. Sergio García quería empezar de cero en el Masters, recordar al jugador que se vistió de verde en 2017. Fue todo lo contrario.

El sexto corte seguido fallado en un grande no solo engorda la que ya era la peor racha del Niño en los majors, sino que invita a pensar en algo más que una sucesión de accidentes. De momento ni él mismo descifra en público el misterio. “Desafortunadamente no he jugado para las que he hecho. No te sale nada y no metes un putt y es complicado…”, zanjó el castellonense tras la segunda ronda (+4 en total) en otra demostración de esos malos humos que le acompañan cuando vienen mal dadas. Y últimamente es lo habitual.

El bache es profundo. Los seis cortes seguidos fallados son los mismos que ha sufrido en sus 38 grandes anteriores. Es en estos torneos donde García ha levantado un monumento a la regularidad en la élite. A los 39 años, el español suma 79 grandes seguidos jugados, todos desde que debutó como profesional en el Open Británico de 1999. Son 20 años sin fallar a una cita, récord en el golf mundial entre los jugadores en activo. Un escenario en el que acumula tantas clasificaciones entre los 10 primeros como cortes fallados: 23. Ahora son seis fines de semana seguidos sin jugar y ocho majors en los que no pisa el top ten, lo que iguala su peor registro.

Ni siquiera Tiger ha jugado tantos grandes como él (75, y no seguidos), aunque el Tigre solo conoce lo que es no pasar el corte en ocho ocasiones, y no falló uno hasta su noveno año de profesional.

En 2017, García se quitó la espina de ser el mejor jugador del mundo sin un grande. Pero desde esa chaqueta verde se ha visto su peor cara en los grandes. También han aumentado sus episodios de malas formas, dentro y fuera del campo. Su descalificación el pasado febrero en Arabia Saudí por maltratar los greens, un día después de patear los bunkers —“los caddies de mierda que no saben arreglarlos”, dijo; el suyo es su hermano— ha alimentado su imagen de chico malo. “Nos ha faltado al respeto a todos. Tienes 40 años, es hora de que crezcas”, le espetó Brooks Koepka. También su polémica con Matt Kuchar en el pasado Match Play por un putt fallado a un palmo que el español creía dado se ha unido a esa crónica de desencuentros.

El País

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